domingo, 16 de junio de 2013

TRASPLANTADO


La primera vez que escribí tu historia, sonaba tan horrible… Un trasplante de corazón, sí tenías dos fechas de cumpleaños… Una larga estancia en la UCI y tras esto algún revés que te había vuelto a llevar al quirófano en varias ocasiones. Mientras hablábamos, tu relato era interrumpido por profundos suspiros de tu mujer.

Según tu informe previo lo único que te quedaba por hacer era un montón de pastillas y rehabilitación.

Ese fue más o menos nuestro primer encuentro. Contabas una historia desafortunada, mezclada con sacudidas de la cabeza. Te sentías malhumorado e indefenso. Y tu familia encogiéndose de hombros.

La batalla ya se había librado y la daban por perdida. Tu suerte en la vida estaba echada a menos que ocurriera algún milagro.

Tenías un equipo de médicos realmente preparados, inteligentes, con mucha experiencia. Habían consultado con otros y toda su capacidad intelectual junta no habían conseguido hacerte sentir mejor. Al menos, no de la manera en que tu definías “mejor”.

Entre todos te habían arrancado de las garras de la muerte. Así que técnicamente estabas mejor. Pero era triste ver tu cara… habías llegado a la conclusión de que escapar de las garras de la muerte no significaba escapar de otras garras… Seguías encadenado a una medicación crónica que te provocaba numerosos efectos secundarios, entre ellos tumores en la piel.

En ese primer encuentro decidí que necesitabas algo más, algo que no fuese sólo ciencia. “No hay ninguna razón para que no puedas encontrarte mejor. Y me refiero a razón fisiológica.”

Hablamos de lo que significaba estar “mejor”.

Mejor significaba que tendrías que pelear. Significaba determinación y empuje a través de numerosas idas y venidas al hospital. Significaba mantener el ánimo y hacer todo lo posible para no sucumbir bajo la manta sofocante de la depresión. Ese día hicimos una especie de pacto. Te dije que lucharíamos todos contigo, que seríamos un equipo…

De esto hace casi 15 años…

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El cáncer de piel no melanoma es el más frecuente en el ser humano, y es aún más frecuente en personas trasplantadas que toman inmunosupresores de forma prolongada para evitar el rechazo. El comportamiento de estos tumores en ellos es más agresivo y tienen mayor probabilidad de recidivas.
El riesgo aumenta en aquellos pacientes con daño solar crónico, es decir con gran cantidad de radiación ultravioleta acumulada a lo largo de su vida, y con infecciones por el virus del papiloma humano.
Los tumores de piel se deben tanto a la disminución de la actividad inmunológica como a los efectos oncogénicos directos vinculados a algunos inmunosupresores, y depende del tipo de fármaco (corticoides, ciclosporina, sirolimus, etc), de la dósis y del tiempo de inmunosupresión.
El manejo de estos tumores depende del tipo y número de lesiones. Las terapias incluyen cirugíá, crioterapia, curetaje y láser. Ninguno previene la aparición de casos nuevos o la recidiva local y este es el principal problema.
Los pacientes inmunosuprimidos tienen un riesgo elevado de queratosis actínicas (que son lesiones precancerosas) y de evolución a carcinoma invasor, por eso siguen revisiones periódicas intentando tratar las lesiones que van apareciendo lo antes posible.
......
Os dejo con una historia con muchos finales felices


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