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lunes, 29 de febrero de 2016

UN TUMOR Y UNA BARRA DE LABIOS

Tenía casi noventa y tres años y había llegado a la consulta caminando con soltura del brazo de uno de sus hijos. Según me dijo no tenía ninguna enfermedad y sólo tomaba alguna aspirina muy de vez en cuándo. Era tan delgada que parecía un débil pajarillo.

Nunca pierdo la oportunidad de intentar desvelar el secreto de la longevidad de mis pacientes. Les pregunto muchas veces, y sus respuestas, me hacen sonreír. Algunas respuestas son breves y dulces. Otras largas y muy elaboradas. Pero en cada una de ellas hay algo que se queda clavado en el interior de mi cabeza.

Tenía una lesión en la cara que había crecido tanto y tan rápidamente en las últimas semanas que ya le molestaba. Era un tumor fácil de diagnosticar para nosotros, un Queratoacantoma. Suelen crecer rápido y con frecuencia involucionan y desaparecen sin tratamiento… Aunque no siempre es así, a veces en la base hay un Carcinoma Epidermoide que es otra forma más agresiva, y con capacidad para dar metástasis si no se trata a tiempo.

Una opción es infiltrar el tumor con inyecciones de metotrexate para disminuir su tamaño antes de operarlo, y que la cirugía sea menos agresiva; en ocasiones, incluso, es suficiente sólo con esto.

Así se lo dije a ella y a los dos hijos que la acompañaban. Ellos empezaron a discutir sobre si era conveniente o no operarla a su edad… no se molestaron en preguntarle.

"¿Sabe que voy a hacer noventa y tres en un mes?" anunció con una palmada orgullosa en su rodilla.

Así que le hice la misma pregunta que hago a mis pacientes ancianos. Le pregunté por el secreto de su longevidad.

Después de haberla oído muchas veces, me gustaba la expresión Edad de oro. "Hacer los noventa y tres”, dicen algunos… como si hubiesen escalado el lado escarpado de una montaña alcanzando altitudes a donde pocos han conseguido llegar.

“No hay secretos”. Por la expresión de su cara, me di cuenta de que hablaba en serio.

"¿Así que no hay secretos? Yo estoy tratando de hacer los mismos años que usted y llegar con ese buen estado que tiene. Tiene que darme algún consejo.”

“Es muy sencillo. En primer lugar, hay conseguir levantarse por las mañanas. Salir de la cama y mover el cuerpo. Después salir por la puerta y caminar hacia algún lugar. Al trabajo, a la tienda, a casa de una vecina… lo que no hay que hacer es quedarse encerrada en la casa viendo la televisión. "

"Me gusta ese consejo."

“Y conseguir que no se metan en tus asuntos y decidan por ti, sólo porque eres viejo.” Eso lo decía mirando a sus hijos.

Nunca había pensado así sobre la vejez.

“Es cierto, parece que la gente considera las cosas que decimos como “locuras de viejos” y no nos tienen en cuenta. ¿Sabe?, yo todavía tengo mi opinión sobre muchas cosas, sobre todo las que me afectan a mi.”

Se quedó pensativa. Finalmente levantó su dedo índice torcido por la reuma, y mirándome a los ojos, dijo: “Hay algo más.”

Acerqué mi silla y me apoyé en la mesa. No habló inmediatamente, me sostuvo la mirada con los pequeños ojos consumidos,  entrecerrados. Se llevó el dedo al tumor de su mejilla izquierda, lo tocó con un gesto de dolor… y de nuevo lo extendió hacia mi.

“Lo más importante es ser fiel a uno mismo. Mirar por tus cosas y no dejar que otros te traten mal o te roben la felicidad… y esto te incluye a ti. No te robes tu propia felicidad. Arréglate cada día, cuida tu aspecto. Es una forma de quererte.”

Se detuvo un segundo. "¡Casi lo olvido! Ten siempre una barra de labios de color rojo."

"¿Pintalabios rojo?" La miré levantando las cejas, intrigada con esta respuesta inesperada. Quería que continuara hablando y así lo hizo.

“Sí, y uno bueno que te haga sentir atractiva. Úsalo cuando quieras sentirte fuerte y camina con la cabeza alta, diciéndote a ti misma lo valiosa que eres.”
“¿Y si no me queda bien el rojo de labios?, me veo fatal.”

“Cada mujer tiene un rojo que se adapta a ella. La clave es hacerse a la idea de que es el que mereces llevar. No es sólo el color. Es lo que esconde detrás.”

Se fueron de la consulta sin tomar una decisión sobre el tratamiento del tumor. Unos días más tarde volvió de nuevo caminaba sola, bastón en mano muy arreglada. Los labios carmín. Me levanté para acompañarla a su silla.

“Hola. Me quedé pensando en sus consejos… Y usted ¿qué ha decidido hacer sobre su tumor?”

“Quiero celebrar mi cumpleaños sin él, es una ocasión especial y no me la va a estropear. He venido para empezar las infiltraciones que me explicó. ¿Sabe que me encanta hablar con ustedes los jóvenes?” Al escucharla, le sonreí desde mis cuarenta y tantos.

Al pasar me dio unas palmaditas en la espalda. Lo hizo con fuerza, como para reconfortarme en algo que yo no alcanzaba a comprender…


“Alguna vez, sin falta, todos iremos dispersándonos en la oscuridad del tiempo y desapareceremos…” Iba hablando con el aire de haber aprendido todo esto con su propio cuerpo. No podía desear nada más, era feliz... plácida y alegre.


viernes, 23 de octubre de 2015

RADICALES LIBRES

Todos nos consideramos buenas personas y necesitamos cultivar esa bondad en lugar de nuestros aspectos negativos. Es fácil ser bueno y amable cuando uno vive una vida relajada y sin problemas. En ese momento, ser amable no tiene tanto mérito.

Pero en ocasiones surgen situaciones malas y turbias que acaban con esa tranquilidad que uno lleva en su interior. Y nos sacan de esa bondad, tal vez superficial, en la que estábamos viviendo.

Cuando me encuentro en una de esas situaciones o frente a una de esas personas, sólo hago lo que puedo hacer, intentar dar la vuelta a la situación. No quiero acabar cayendo en un camino ya marcado que sólo lleva al fracaso.

Soy una persona muy curiosa, en todos los sentidos de la palabra, me gusta relacionarme con la gente y no soy de las que se conforman con hacer todos los días las mismas cosas, de la misma manera y a la misma hora, sobre todo si veo que no me llevan a dónde quiero ir. Necesito estímulos, me gustan las novedades.

Supongo que sólo la ceguera puede llevar a una persona como yo a pensar que puede quedarse atada a la rutina.

Siempre, ya desde niña, he sido testaruda y constante en lo que me proponía. Cuando decido que quiero hacer o mejorar algo, lo estudio, practico y practico, intentando no dispersarme…

Ayer conocí a una periodista, Sonia Fornieles, redactora jefe de la sección Buena Vida de El Pais, me llamó para preguntarme sobre cuidados básicos de la piel para un artículo que estaba escribiendo. Hablando con ella resultó que es de Almería, como yo, y que compartimos recuerdos y conocidos comunes. Así la conversación con ella, sus ganas de saber, me arrancaron de la rutina en la que estaba instalándome a media mañana, poniendo mi mente de nuevo en estado de atención.

Entre otras cosas, le hablé de los famosos radicales libres, que son como esas situaciones o personas que llegan en “estado excitado”, cuando más tranquila estás, absorviendo tu energía y sacando lo malo que hay dentro de ti.

Seguro que habéis oído o leído sobre ellos.

Sin ponerme muy técnica, los radicales libres son átomos o moléculas con un electrón “no apareado” o “sin pareja” en su capa más externa. Esto los hace altamente inestables y tienden a establecer reacciones químicas espontáneas con la intención de “robar” ese electrón que les falta a una molécula vecina. Pero claro, si les roban ese electrón, la molécula vecina se queda “inestable”.

Cuando un radical libre roba un electrón, por ejemplo del colágeno de la dermis  o del ADN celular, estas células ya no funcionan bien, lo que puede tener serías consecuencias. Por ejemplo, se cree que algunas formas de cáncer se deben a reacciones químicas entre los radicales libres y el ADN que hay en el núcleo de las células.

En cuanto al envejecimiento, el daño prolongado de los radicales libres se considera una causa de muchas enfermedades que aparecen con la edad, como artritis, Alzheimer, arterioesclerosis, etc.

En la piel provocan ruptura de las fibras de colágeno y elastina dando lugar a arrugas, flacidez y alteraciones en el color y textura.

Los radicales libres están en todas partes, son productos naturales que se producen dentro de nuestro cuerpo durante los procesos metabólicos que tienen lugar en él. El metabolismo es una red de reacciones químicas necesaria para mantenernos vivos.

Los radicales libres proceden también del exterior: polución, toxinas, pesticidas, tabaco… También se producen tras la exposición de nuestra piel a las radiaciones ultravioletas.

Nuestro cuerpo tiene capacidad para neutralizar el daño ocasionado por estos radicales, pero si nos exponemos en exceso a ellos se verá sobrepasado y dejará de hacerlo. El resultado es el daño de las células, y visto desde fuera, una piel de aspecto envejecido y cansado.

……

Tras leer y meditar sobre los radicales libres, es imposible que no afloren interpretaciones personales, aversiones, impresiones, ideas negativas, pero siempre trato de contenerlas para poder profundizar. Observar la situación desde lejos, en profundidad, hasta llegar a sus entrañas.

Alcanzado este punto, el aire a mi alrededor se torna en una brisa calmada, todo se vuelve transparente y me invade cierta inquietud, dudas sobre mi capacidad para resolver esa situación tan difícil.

Pero por asombroso que parezca, las ideas siempre acuden a mi mente.

Siento que no estoy sola, que alguien, en alguna parte, está experimentando lo mismo que yo. No se si eso es bueno o malo. Sólo observo. Sólo siento.


…Siento que nadie ocupa un espacio demasiado grande en el mundo.


lunes, 12 de octubre de 2015

¿QUIÉN LLEVA EL MONO?

Why can't you do it?
Why can't you set your monkey free?
Always giving into it
Do you love the monkey or do you love me?

~ George Michael
"Don't you know you've got to shock the monkey?"

~ Peter Gabriel

Hoy llega desde el este una brisa fresca, sostenida, que levanta el calor y le hace girar lentamente hasta convertirlo en un largo velo de tela roja que se aleja hacia el oeste.

Os voy a hablar de algo que seguro os va a sonar conocido… Algo que a todos nos cuesta y que pocos sabemos hacer, y es expresar tranquilamente una opinión que vaya en contra de las ideas o los prejuicios de nuestro entorno. Los psicólogos lo llaman “Asertividad” y tiene mucho que ver con la autoestima y el respeto hacia los demás.

Hay una canción de George Michael que dice algo así como; “¿Quién lleva el mono?”; hoy me he levantado temprano y la he encontrado en una lista de Spotify. La letra me ha hecho pensar en situaciones que vivimos a diario.

Por ejemplo.

Te encuentras con alguien en un pasillo, o en el ascensor, o en una reunión de trabajo... Te cuentan una situación concreta o un problema. Tu escuchas, asientes y haces algunas sugerencias. Luego te comprometes a "revisar algunas cosas" o "a mirarlo." Y en ese momento, te has echado “el mono a la espalda”.

Luego el mono cae enfermo o el pobre no sobrevive y todos te señalan con el dedo, y critican tu forma de cuidarlo. Pero si el mono, gracias a tus cuidados y desvelos, aprende trucos y se hace famoso en un circo, entonces es un triunfo de todos.

La canción me ha hecho pensar.

Pensar en “cuántos monos ajenos asumo” y también “cuántos de esos pequeños bichos molestos pongo yo en las espaldas de otros sin ni siquiera saberlo”.

 La canción de George Michael seguía sonando:

"Watch out! Baby who's that? Don't look now--there's a monkey on your back!"

Estos monos no están sólo en el lugar de trabajo. Por supuesto que no. También se cuelgan de las llamadas telefónicas, están saltando entre los correos electrónicos, balanceándose de mensaje de texto en mensaje de texto. Hasta aparecen por WhatsApp.

- “Tengo un problema. ¿Qué hacemos?”
- "¿Hacemos?"

Hay que saber cerrar el círculo y hacer comprender a esas personas que ese mono es de ellos y no tuyo. O que, al menos, tu no eres el cuidador principal del mono.

Esto es lo difícil. Parte de nuestro trabajo consiste en eso, en cargar y cuidar de los monos de otras personas. Yo, generalmente, lo llevo bien. Me gusta.

Luego están los “monos emocionales”. Personas con “cargas personales” que se bloquean mentalmente y deciden que eres el elegido para cargar con todos esos bichos. Esos son los monos más difíciles y agotadores de cuidar, siempre están discutiendo todo lo que sugieres.

Son inseguros.

Esas personas, cuando te cuentan algo, parece que van pilotando un avión al que le queda una sola ala. Las escuchas, les das tu punto de vista, usas palabras tranquilizadoras, intentando que se sienta mejor, que vean la situación desde otro punto de vista… y de repente el mono, se vuelve agresivo y salta a tu espalda arañando. Ha encontrado un nuevo hogar.

Hay otros casos.

Estás hablando con un amigo o un compañero. Y este empieza a hablarte de un problema que tiene con otro amigo común y al final te pregunta:

"¿Entonces, qué debemos hacer?"

En esos casos es cuando escucho a George Michael advirtiéndome, cantando en mi oído.

Watch out! Baby who's that?

Muévete rápido hacia un lado, que ese mono no salte sobre tu espalda.

Lo mejor es emplear el método de las empresas, de los negociadores. Junto con ellos, identificar el problema y lo que hace falta para solucionarlo. Establecer un plan de acción y quedar para más adelante cuando lo hayan meditado, no en el pasillo o por el móvil. El darle formalidad al asunto, hace que el mono quede bajo el foco, expuesto a la vista de todos, y evita que se reubique sigilosamente sobre tu espalda.

…..
Una vez leí que los hombres dicen que el tiempo pasa, y que el tiempo dice que los hombres mueren.

Al final quisiera pensar que no he vivido esta vida en vano y que he podido ayudar a otras personas con mi experiencia. A esas personas a las que les han hecho creer que no pueden hacer lo que sueñan, a base de repetírselo continuamente.


Es cierto que el conocimiento se adquiere mediante la experiencia, el resto no es más que información. Hoy tengo la sensación de que me he pasado la vida superando tormentas, olas gigantes yo sola… y que no lo sabía…



jueves, 13 de agosto de 2015

RELATO DE VERANO: LAS PERSEIDAS

“El grosor de una pestaña es la distancia entre lo que queremos y lo que nos asusta.”

La oscuridad le asustaba. No siempre había sido así.

La sola idea de cerrar los ojos le provocaba pavor. Cada noche despertaba empapado en sudor y con la garganta ardiendo, signo inequívoco de que había gritado en sueños.

No quería recordar aquel día, pero cada vez que sus pestañas caían como una pesada persiana sobre sus ojos su mente lo trasladaba hacía el pasado.

El sueño siempre era el mismo…

Se veía a sí mismo. La tenía abrazada por la cintura. La miraba fijamente cuando ella parpadeó, y una de sus largas pestañas rodó hasta su mejilla. El la recogió con la yema de un dedo y se la acercó a los labios.

Antes de soplar dijo:

- Pide un deseo.

Ella cerró los ojos.

Los dejó así un rato, como si jugase al juego de “la confianza”. Ese juego en el que te dejas caer de espaldas para que otro te recoja sin mirar hacia atrás, sin dudar. Confianza ciega… así se sentía cada vez que él la sujetaba entre sus brazos.

Luego de forma misteriosa, dijo:

- Pasado mañana, si vienes al anochecer al lugar dónde nos vimos el primer día, junto al mar, puede que descubras qué he pedido. Y verás algo especial.

El comenzó a inundarla de preguntas y besos. No podía hacer otra cosa. Ella jugaba a cerrar los ojos y dejarse besar.

- Es algo delicado. No puedo garantizarlo, pero si llegas en el estado mental adecuado, lo verás. No se si es sólo una sensación mía, pero tu relación con el mar es muy estrecha y por eso estoy segura que podrás verlo. Sólo cada muchos meses se dan unas condiciones apropiadas para asistir a algo así.

El ladeó la cabeza sin entender bien lo que le insinuaba. Descubrió que hacía tiempo que no le invadía un sentimiento de excitación tan intenso como aquel, así que aceptó.

Ella insistía.

- Es algo precioso y sólo depende de ti.

“Mi relación con el mar…” Cerró los ojos e inmediatamente pensó: “Sí”.

Cada vez que imaginaba el mar ella estaba allí. Siempre llegaba tarde y él la esperaba en aquel lugar mirando el rompeolas. Cuando iban juntos a alguna parte, siempre se separaban cerca de aquel punto. Desde allí partían uno para cada lado.

Tenía que ir.

Un cielo estrellado, maravilloso, adornaba el camino esa noche de primavera. Estaba de muy buen humor. Las palmas de sus manos unidas dentro del bolsillo delantero de la sudadera eran cálidas y de tacto seco. Caminaba intentando sofocar una sonrisa hundiendo la cara en la solapa de la cazadora. Pensó que era extraño lo que sentía en aquel instante, que nunca la había querido como entonces.

El túnel.

El oscuro y torcido túnel se convirtió en el lugar de la despedida. El viento soplaba rugiendo en sus oídos cuando entraron, tanto que ni el casco de la moto que llevaba puesto podía atenuarlo. Se sentía lleno de afecto. Pensando en su relación, habían tenido peleas, amores… Sufrimientos buscando un equilibrio. Pero a pesar de todo habían sido años maravillosos…

Ese día era tan perfecto que temía que acabase.

Luego, cuando despertó en el hospital tres meses más tarde, sólo recordaba una chaqueta negra de piel diluyéndose en la oscuridad del túnel, como el sabor de un helado que se derrite en la lengua… y los brazos de ella aflojándose alrededor de su cintura. No recordaba nada más, las había perdido, a ella y a su pierna derecha…

Muchas veces después deseó haberse quedado esa noche junto al mar. Quería soñar que la atraía hacia él diciendo: “No te vayas… esperemos aquí hasta que ocurra. No soples aún… no hay nada que anhele más que estar aquí contigo…”


No derramaba lágrimas, se sentía vacío. Sentía que ella estaba infinitamente lejos… y que no quería volver a soñar ni pedir ningún deseo…

jueves, 30 de abril de 2015

CIRUGIA MINIMAMENTE INVASIVA

Querida doctora, adjunto a este correo, te envío un archivo con una foto mía.

Te parecerá una foto rara, pero es la última que tengo. Yo soy la que va encadenada, voy paseando a mis dos perros. Si la miras, podrás observar por qué necesito tu ayuda. Tengo la mirada caída. Mis cejas ya no son tan altivas como antes.

Yo antes tenía otra vida.

Creo que es porque ahora camino varios pasos detrás de él. El es el que va delante de mi. No se si soy yo, que ya no puedo seguirle o es él que huye de mi. Yo culpo a mis rodillas... todo estará mejor cuando me las operen.

Al principio no era así. Antes cuando paseábamos, sus ojos chispeaban a mi lado... mirándome fijamente. Ya sólo veo una espalda que se aleja...

Se que el borde externo de los orbiculares arrastran con fuerza mis cejas hacia el suelo, labrando profundos surcos a lo largo de mis sienes. Algunos dicen que las patas de gallo son líneas de felicidad, pero te aseguro que ya no me río a carcajadas.

Otros músculos, corrugadores y piramidal, justo entre las cejas, las aproximan. Antes demostraban mi carácter, mi fortaleza. Ahora intentan fruncirse para simular rabia… pero... es sólo impotencia.

He leído mucho sobre esto antes de escribirte. El frontal es el que levanta las cejas. Quiero que me las levantes para poder ver con claridad por encima de su hombro, no quiero ver sólo los tacones de sus zapatos.

¿Ves la casa tan bonita de la foto?

Es una jaula de oro. Necesito encontrar la salida.

El dice que me estoy arrugando, lo que estoy es encogiéndome, intentando desaparecer. Ya no es el hombre del que me enamoré. Me fallan las piernas, no puedo abrirme para cabalgar junto a el. Tengo flácido hasta el deseo.

Lo peor es que me he acomodado a esta rutina. Para sobrevivir, sólo necesito seguir las mismas ordenes, repetir las mismas frases cada día. Yo habría sido una buena actriz.

En la foto estoy volviendo a casa después de dar un paseo. Cada día me tumbo en la hamaca de ese jardín que ve al fondo, cada día miro entre las ramas de los árboles fragmentos de azul. Entonces, saco un pequeño espejo del bolso, lo pongo frente a mi. En esta posición todo cae hacia atrás, las cejas ya están en su sitio, los ojos muy abiertos… Con la luz en mi cara, hasta parezco feliz...

Pero siempre, me llama desde la puerta a gritos, y el espejo cae al suelo. Intentando agarrarlo, caigo con el. Me quedo a cuatro patas. Ya no es una posición placentera… Ay! mis rodillas…

El espejo en el suelo y mi cara sobre el… las mejillas sin nada que las sustenten, cuelgan. Se balancean alrededor de la boca. Reflejando exactamente cómo me siento, flácida, sin fuerzas…

Todos mis sentidos atentos a sus deseos. El es el amo. Me ha moldeado a su gusto… Ahora no recuerdo por qué me encantaba ser la señora de un señor tan importante. Desde el primer momento, me hizo ver el mundo como un lugar hostil, peligroso. Que necesitaba su protección, que sin él no era nada.

Levántame estas cejas, por favor. Pon mis pómulos donde estaban. Quiero vivir fuera de esta jaula, tomar mis propias decisiones, ponerme mis propias condiciones. Para eso, necesito ver con claridad, reconocer que ya no soy la única a la que moldea.

Levanta mis cejas.

Retira estos parpados flácidos de mis pestañas. Haz que la piel de mis mejillas se mueva en bloque mientras me río a carcajadas sin parecer un acordeón. Que el rictus de amargura desaparezca de mi boca.

No es por él. Ya nada es por él. Es por mi.


El futuro es largo, y en las noches y mañanas que irán sucediéndose, quizás este momento de la foto se me olvide como un sueño.


lunes, 27 de abril de 2015

OJERAS

Era media tarde cuando leí las preguntas que me habían enviado desde una revista de divulgación. Al ver el tema y comprobar que coincidían con las que ya tenía preparadas para otro artículo, las dejé tranquilamente a un lado y terminé el día con una suculenta cena.

Ambas querían saber qué provocaban las ojeras y bolsas bajo los párpados y qué consejos dar a sus lectores… al pasar junto al espejo del pasillo, miré mis propias ojeras… cada una tiene una historia diferente.

Todos se fueron a dormir temprano… yo no tenía sueño… y salí a pasear sola por la playa. Era una noche fría. El viento rugía… rozó mi cara… y casi grité de dolor.

La playa, vista desde el paseo marítimo era obscura… cubierta de una nebulosa blanca. Sobre el mar, negrísimo, brillaban sus crestas de encaje…

Bajé a la arena muerta. Fui bordeando el mar mientras lo miraba, envuelto en esa obscuridad… A lo lejos brillaba el faro. Su luz miraba hacia mi, y después se alejaba, como señalándome un camino a través de las olas… me inundó un sentimiento extrañamente nostálgico. La sensación de que el mundo había perdido sus colores y un gris cenizo se extendía sobre todas las cosas. Me costaba respirar…

Aquella noche soñé que me lanzaba a un mar de natillas… Sí, natillas… con olas amarillas sobre las que flotaban barcos hechos de galletas María. Ese postre de mi infancia, está asociado en mi memoria con el consuelo espiritual. En mi sueño, yo me zambullía en esa crema deliciosa que resbalaba por mis pliegues y llenaba todos los poros de mi piel.

Cuando desperté, aparecían las primeras pinceladas de color de un nuevo día… Por fin emergía al otro lado de aquel largo túnel. El paisaje primaveral tenía que penetrar de alguna forma en mi corazón, pero sólo se reflejaba en la superficie y salía rebotado, como si fuese una pompa de jabón.

En aquel día tan hermoso, la vida rebosaba protegida por la dulce luz del sol, pero mi corazón añoraba las olas y la arena muerta de la noche anterior. Y entonces pensé que quería desaparecer.




RESPUESTAS A LAS DUDAS QUE ME PLANTEARON SOBRE LAS OJERAS

- Además de la morfología, la alimentación y el sueño ¿cuales son las causas de formación de bolsas y ojeras? ¿La lista de las causas más comunes?

Las causas que producen aparición de bolsas y ojeras son numerosas, e incluyen:
-Pérdida de volumen de la grasa que hay alrededor de los ojos (grasa periorbital) con aparición de surcos más obscuros.
-Aumento de laxitud de la piel del parpado que se hace también más fina. Prolapso de la grasa orbitaria que da lugar a bolsas.
-Aparición de una vascularización subcutánea más prominente y visible.
-Y aumento de pigmentación en la zona.

- ¿Por qué hay razas como la India en la que son más notables las ojeras oscuras?

En ellos, la causa del oscurecimiento es sobre todo vascular, es decir por aumento del número y grosor de los vasos bajo la piel del párpado. Seguido por la pigmentación propia de la raza asiática (es decir, la melanosis periorbitaria), también se dan casos de hiperpigmentación post-inflamatoria (PIH) que aparece tras eczemas en la zona.

- Para evitar la aparición de bolsas, ¿funciona la gimnasia facial?

Más que gimnasia masaje, sobre todo si las bolsas son por retención de líquidos, que son las que aparecen al levantarse

- Siempre se ha dicho que para la bolsas es un buen remedio el pepino, el aceite de almendras, el hielo. ¿Por qué? ¿en base a qué sustancias que contengan? Hay datos científicos de eficacia que constaten su eficacia?

Hay una serie de principios activos que aplicados en la piel pueden mejorar la pigmentación, la laxitud y las arrugas finas, estos son los retinoides, las vitaminas C, E y K. Esto se ha visto en estudios clínicos con cosméticos. De ahí la tradición de ponerse pepino u otros vegetales ricos en estas sustáncias. El frío, a su vez es descongestivo.

- ¿Se pueden quitar las ojeras en quirófano? ¿con qué técnicas?

Las técnicas que usamos, van desde láser para pigmento, vascular o ablativos combinados, pasando por rellenos con grasa o ácido hialurónico, hasta llegar a la blefaroplástia en caso necesario. El tratamiento siempre es personalizado y va dirigido a la causa que la ha provocado.

- ¿Por qué se produce una mala oxigenación de la sangre?

Muchas veces por fumar y también por causas médicas como anemia, etc

- ¿Por qué se produce la congestión de ojos?

Casi siempre es por retención de líquidos, y en ocasiones es de causa alérgica.

- ¿A partir de qué edad las ojeras suelen marcarse más en el rostro?
El surco bajo el párpado inferior y que conocemos cómo ojeras, puede estar presente desde la infancia debido a la herencia recibida. Incluso la coloración más oscura de esa zona, puede ser por una mayor pigmentación racial. En los casos de aparición en la edad adulta las causas son múltiples; perdida de la grasa que separa la piel del músculo orbicular, atrofia de la piel debido al sol que deja ver la vascularización subyacente…

- Una vez han aparecido, ¿qué nos puede ayudar a eliminarlas además de un buen descanso? ¿Se eliminan del todo?
Como todo en medicina, lo primero es un estudio personalizado de cada caso, para buscar la causa o causas que las han provocado y tratarlas. En la mayoría de los casos, los resultados son muy buenos llegando a desaparecer.
- ¿Qué tipo de producto y presentación recomendáis para el tratamiento de las ojeras?
Comenzamos con la prevención mediante una fotoprotección adecuada, cremas hidratantes, despigmentantes, vitaminas, antioxidantes, etc. Y usamos en muchos casos rellenos y otras técnicas que se hacen en consulta.
- ¿El tono de las ojeras, más o menos violeta, se podría relacionar con la alimentación?
No, el tono violáceo se debe a que esa piel es algo más fina o ha perdido la grasa subcutánea y deja ver a su través la vascularización y el músculo que hay debajo.

domingo, 1 de marzo de 2015

DERMATOLOGÍA Y COCINA

Cuando era niña, mi abuela tomaba las decisiones culinarias. Nadie se atrevía a contradecirla y mucho menos a hacer comentarios críticos. No era una mujer dispuesta a recibir sugerencias.

Nos servía contundentes platos de cocina andaluza que guardaba en su cabeza y que, preparados con amor, resultaban deliciosos… Legumbres estofadas, cazuelas, sopas, gazpachos…

Yo, acurrucada en un rincón de la cocina, mecida por aquellos aromas, leía historias de héroes imposibles...

Somos herederos de una cultura donde el desprecio por los placeres terrenales era una virtud y las costumbres ascéticas se consideraban buenas para la salud. Así que, mezclar libros donde se describe cómo preparar suculentos y placenteros manjares con otros concernientes al cuerpo, sus funciones y padecimientos, puede parecer hasta de mal gusto.

Pero como, en la variedad está el sabor, las novelas y los libros de cocina forman parte de mi vida a la par que los de dermatología.

Todos reinan por igual en mi cocina… en un lugar espacioso, luminoso… estantes repletos de libros impregnados con los aromas de miles de cocimientos. Mezclados con utensilios de un material indeterminado… que con el paso del tiempo y el calor de los fogones, han ido perdiendo su forma y color originales.

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Las alusiones al mundo de los fogones son abundantes en dermatología, una especialidad eminentemente descriptiva y en la que disponemos de un amplio “bufé” de signos y síntomas.

La comida nos ayuda a trabajar al permitirnos describir el color de las lesiones que estamos viendo; como en las manchas de “café con leche”, o las costras “melicéricas” (color miel) de las infecciones por estafilococos.

La textura también es importante... describimos como “orejas de coliflor” a la forma que toman los apéndices auriculares cuando sufren ciertas enfermedades inflamatorias crónicas. Y qué decir de la famosa “piel de naranja” que tanto nos atormenta a las mujeres, o el exudado “caseoso” (como suero de leche)…

Las glándulas olfativas perciben aromas que recuerdan al olor dulzón de la “uva fermentada” en las infecciones por pseudomonas. Incluso a algún dermatólogo le vino a la cabeza el olor de la “cerveza rancia” al acercarse a un paciente con escrofulodermas provocadas por el Micobacterium Tuberculosis.

Al explicar a los pacientes como tomar o aplicarse un tratamiento usamos analogías culinarias. Así, una pequeña cantidad de crema, la describimos como del tamaño de un garbanzo o de un grano de arroz.

Las pulgas hacen picaduras que se agrupan de tres en tres y las conocemos como “desayuno, comida y cena”.

En nuestra carta, comenzamos con los platos de carne; la “piel de gallina” define el aspecto de la queratosis pilar, y los “dedos en salchicha” a la artritis psoriásica.

El pescado hace su aparición en el segundo plato con las “erupciones asalmonadas” de, entre otras, la enfermedad de Still.

Y para condimentar los platos, tenemos los “granos de sal” (manchas de Koplik) del sarampión, la “pigmentación en sal y pimienta” de la esclerodermia y las “manchas de pimienta” de la Púrpura pigmentada progresiva.

Llegados al postre, las referencias a las frutas aparecen también en nuestros libros, así cuando exploramos las lesiones de lupus vulgar, vemos “jalea de manzana”. “Fresas” en la nariz de un paciente con rinofima o en la lengua de otro con escarlatina, y los hemangiomas congénitos pueden ser de dos tipos: de fresa o de cereza.

Un niño con una erupción en “grosella negra” podría tener xeroderma pigmentoso. Y un cabello fino, como “pelusa de melocotón” puede verse en el hipotiroidismo o en una chica con anorexia nerviosa.
…..


Recuerdo la cocina de mi abuela, allí presencié el misterio de la unión entre la levadura, la harina y el agua. El movimiento de sus manos, como una bailarina, al preparar la masa que luego crecía y cobraba vida… Y yo sentada en un rincón, inmersa en el calor del horno y la fragancia de aquel proceso milagroso, leía y soñaba…