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domingo, 25 de noviembre de 2012

PERDIDA


Todos deberíamos hacer talleres de empatía. Talleres donde interpretar sentimientos, convertirnos en actores, ser durante unos minutos el otro, con sus dudas, temores, recelos… Y repasar este ejercicio cada cierto tiempo. Yo lo hago de vez en cuando, y a veces, lo pongo por escrito. Es una forma sorprendente de mantener los pies en la tierra, una vía para comprender cómo este o aquél paciente se siente realmente cuando llora o se enfada o permanece callado.

Incluso si no eres un médico deberías intentarlo. Los hospitales no son el único lugar dónde hace falta empatía.

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Te vi por primera vez en la entrada del hospital, luchando con los carteles. Las flechas que indicaban derecha, izquierda, arriba y abajo era lo único comprensible para ti. Estabas nerviosa. Pude verlo por la forma en que mirabas por encima del hombro buscando una cara conocida.

Lo se, debes tener casi setenta años, una anciana china, probablemente nacida y criada en el campo. No  hablas más de dos o tres palabras en español.

Me fijé en ti no sólo porque parecías estar perdida en un mundo desconocido, sino también por el aspecto de tus labios. Deformación profesional, no puedo evitarlo, allá donde miro veo piel; piel sana la mayoría de las veces, otras no tanto y mi cerebro nunca descansa.

Así que cuando levanté la vista y vi que eras tu la que pasaba a la consulta me alegré de verte. Tu también intentaste sonreír, ya no estabas sola, contigo entró una chica, probablemente tu hija.

Con ella era un poco más fácil comunicarse, pero yo odiaba no poder preguntarte a ti, no poder escuchar de tu propia boca lo que te pasaba. Me sorprendió que llevaras viviendo en mi misma ciudad casi nueve años y que nunca hubieras aprendido a hablar nuestro idioma. Siempre dependiente de alguien más. Siempre con una sonrisa dibujada en tus labios, ahora enfermos, como única respuesta.

Parecías tener un carácter dulce y amable y me dolía ver tanta confusión en tus ojos cada vez que yo te miraba con cara seria. Te merecías ser escuchada.

Habías venido a cuidar de tus hijos y ahora te sentías enferma, con llagas en los labios y la boca, que no te dejaban tragar desde hacía semanas. Tu hija se esforzaba por hacerme comprender que no podías hacerte las pruebas que yo necesitaba, que tenías billetes de vuelta a tu país y que sólo querías saber si era muy grave, si podías tomar algo que te aliviara hasta llegar a tu tierra.

Yo intentaba explicaros a las dos los posibles diagnósticos, intentaba recabar información que pudiera ayudarme a tratarte antes de irte.

¿Habías tenido un Herpes Simple?

¿Era un Eritema Multiforme? No tenías lesiones en el resto de la piel, al menos no aún…

¿Te habías aplicado alguna crema que yo no sabía y tenías una alergia de contacto? Algo así me decía tu hija, pero no sabía cuales…

¿Estabas empezando con síntomas orales de un Pénfigo? Eso podía ser más grave y me preocupaba…

…..
Así que allí estabas tu, en esta tierra misteriosa, con un lenguaje misterioso, mientras luchabas contra una misteriosa enfermedad… Sólo puedo imaginar lo que deberías estar sintiendo…

"¿Qué es lo que lleva a tanta gente a dejarlo todo atrás para viajar hacia un país desconocido, un lugar en el que no tienen familia ni amigos, donde nada tiene nombre y el futuro es una incógnita? "

jueves, 2 de febrero de 2012

LA PIEL EN TECNICOLOR


Escribo mientras me froto los ojos soñolientos… Tengo delante un tríptico con un programa, la cristalización de un sueño... Al verlo me animo a recordar...

Recuerdo el aire perfumado con sal… Las canciones marchosas que ponía en el coche cuando regresaba atontada del trabajo… La risa hasta las lágrimas al escuchar un chiste malo… El olor a creps con chocolate en la mañana de un día de fiesta… Las noches esperando a que se durmieran los niños entretenida con un libro… El roce de la manta con la que cubría a mis hijos…

Los recuerdos verdaderamente entrañables viven y brillan, y con el paso del tiempo se reviven con angustia, por el temor a perderlos. Nos despiertan desde el fondo de la memoria y nos sacuden…

Por tercera vez volvemos a organizar una reunión sobre Dermatosis e Inmigración en Almería y no digo “por tercer año consecutivo” porque hace dos años el destino le jugó una mala pasada a alguien muy querido y no hubo ocasión ni ganas para nada…

Almería vive de cara al mar, pero sin darle la espalda a nadie… Su pasado navega entre barcos, pateras y viejas cintas de películas del Oeste, espaguetis en Tecnicolor.

Muchas de las películas que veíamos de niños los sábados por la tarde, se rodaron en esta tierra, y por eso, haciendo un guiño al séptimo arte, nos atrevimos a ponerle ese nombre al Simposium: “La Piel en Tecnicolor”.

Estas pieles en “tecnicolor” que nos llegan desde todos los lugares del planeta, nos enseñan algo cada día… y nos obligan a estudiar en libros nuevos, muy diferentes a los que usábamos cuando empezamos la especialidad de Dermatología.

Mañana día 3 de febrero, dermatólogos de otros hospitales se van a acercar hasta aquí para compartir con nosotros sus conocimientos y experiencias… Nos van a hablar de la influencia que las distintas practicas culturales tienen sobre la piel… Sobre lo que nos diferencia y nos iguala… O sobre lo que nos traemos a modo de “souvenir” cuando salimos de viaje…


Os animo a acompañarnos mañana en la cuenta de Twiter @PielTecnicolor y con el hashtag #pieltecnicolor y a que nos hagáis vuestras preguntas