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domingo, 23 de marzo de 2014

QUELOIDES

La hierba y los brotes de los árboles germinan a la vez a comienzos de primavera. Todo cobra luz.

Entorno los ojos y reconozco situaciones y personas con las que pude haber tenido otro tipo de relación pero que al llegar a mí a través de una consulta, fueron mis pacientes… Aquellas a las que pude ayudar y a las que, a pesar de mis esfuerzos, no logré aliviar.

Surgen, como la primavera. Una y otra vez… para confirmarme que estoy viva y que las vidas sin problemas no existen.

Cuando recuerdo a algunos de ellos, si lo miro con perspectiva, me digo que los días en que no sucede nada pueden llegar a ser los más maravillosos.

Aunque no lo parezca, nunca me ha gustado mirar al pasado, pero aquí estoy.

Era muy joven, no llegaba a la mayoría de edad. Vino acompañada por alguien que no era su familiar, un tutor legal. Tenía cicatrices queloides en el pecho, los hombros y la espalda. Le salían espontáneamente, tras algún pequeño granito.

Al mirarla, comprendí cómo en el interior de algunas personas puede haber una balsa de penas estancadas que se derraman ante cualquier circunstancia.

Mientras le explicaba qué eran esos pequeños nódulos que crecían en su piel, se deshizo en lágrimas. Esas lágrimas no fueron nada comparadas con el llanto que la iba sacudiendo en las siguientes visitas… Cuando le infiltrábamos las lesiones… Cuando fue perdiendo la esperanza y comprendiendo nuestras palabras: “No tienen curación definitiva…”

¿Se compadecía a si misma? Sin duda. Me pareció además, que se sentía terriblemente sola.

Hace tiempo en un congreso de dermatología, durante una sesión que se repite año tras año y cuyo título es más o menos: “¿Qué harías en este caso?”, cuando apareció la foto de un queloide en la parte anterior del tórax de una persona joven y se le hizo esa pregunta al ponente que estaba en ese momento en el estrado, su respuesta fue: “Mandárselo a mi peor enemigo…”

Alcanzado este punto… ¿qué más se puede añadir?…
 …….




Las cicatrices queloides aparecen en lugares donde ha sido dañada la dermis. Son una forma de reparación. Pueden aparecer tras un traumatismo local (herida, tatuaje, quemadura, inyección, perforación del lóbulo de la oreja, etc) o después de una inflamación (acné, picaduras, infecciones, etc) Son más frecuentes en las personas de piel oscura, de hecho no aparecen en la piel albina o con vitiligo. No es lo mismo un queloide que una cicatriz hipertrófica. Ni en su evolución, los queloides pueden seguir creciendo, ni en su histología, ni en su tratamiento.

Los queloides se forman en sitios con aumento de tensión, como son los hombros, la piel sobre el esternón, la parte inferior del mentón y los brazos. Suelen ser dolorosos, o al menos molestos.

Las cicatrices hipertróficas, generalmente, responden mejor a los tratamientos, incluso se aplanan solas con el paso del tiempo.
El primer paso a la hora de decidir el tratamiento, es saber qué es lo que los pacientes esperan. ¿Que el queloide desaparezca? ¿Dejar de tener molestias como picor o dolor?, ¿Que se aplane?...
En general, no se aconseja extirpar un queloide ya que con mucha frecuencia recidivan en el mismo sitio y son cada vez de mayor tamaño. Una excepción son los queloides del lóbulo de la oreja, o cuando la cirugía se asocia a otros tratamientos.
El tiempo de evolución del queloide también influye, ya que los de mayor duración (de color más oscuro), tienen menos probabilidades de reaparecer después de la cirugía que los más recientes (color rosado), los que dan más molestias.
Dónde se localicen, también afecta al resultado. Los queloides en la mandíbula, el deltoides, espalda media, la mitad del pecho, y la parte superior es más probable que vuelvan a salir si se extirpan y los de las zonas de baja tensión es menos probable que lo hagan.
El tratamiento de primera elección es la infiltración con corticoides. Cuando no responden a esto, suele ser generalmente, por usar una dosis inadecuada.
Lo más importante es la relación con los pacientes. El que comprendan lo que pueden obtener del tratamiento. A menudo quieren una solución rápida, no tener que hacer nada después de la cirugía. Pero casi el 100% de los queloides vuelven a salir si sólo se extirpan. Esto se reduce a un 50% si se les pone corticosteroides después, y a un 20% cuando se añade radioterapia.
Otras posibilidades, son la crioterapia, las medidas de compresión, y el uso de 5-Fluorouracilo, bleomicina o verapamilo intralesionales.
Finalmente, los queloides rojos pueden tratarse con láser de colorante pulsado. Además del láser de CO2 para reducir el tamaño cuando son grandes, antes de iniciar crioterapia o tratamiento compresivo, etc. Aunque no se puede decir que los queloides sean una indicación para tratamiento con láser.

……
Hoy, mientras mis pensamientos giraban sin cesar en torno a esta paciente, por extraño que parezca, empecé a experimentar cierta paz. Estaba segura de que consiguió salir adelante.


En mi interior resucitaron las sensaciones de esa época de mi vida, cuando yo tenía su edad. El futuro inmenso que veía extenderse ante mi, lo que esperaba de él… y la fragancia marina que perfumaba mi ciudad natal.

miércoles, 6 de julio de 2011

Cicatrices

“No soporto esta cicatriz. ¿Puede eliminarla?”

Los dermatólogos no damos pócimas sobrenaturales, las aletas de tiburón, el cuerno de unicornio y las verrugas de bruja no están en nuestros recetarios porque la medicina basada en la evidencia no ha demostrado aún su utilidad o por el peligro de llevarlos a la extinción.

Por lo mismo, si encuentran a alguien con un artilugio en la mano dispuesto a “borrar” sus cicatrices huyan. La idea de que un láser es algo mágico nos viene de la imaginación que ponemos en los libros de ciencia-ficción.

Tratar de forma eficaz las cicatrices es una tarea muy compleja y poco satisfactoria, no existe ningún método que sea totalmente efectivo.

Esas marcas son el recuerdo de una lesión antigua y un motivo de preocupación presente. Los médicos encargados de mejorar su aspecto caemos muchas veces en la frustración y la incomprensión.

Las cicatrices varían en tamaño, forma, color. Pueden estar abultadas, hundidas, pueden picar o doler. Reflejan el proceso de reparación de una herida; si esta era superficial (sólo en epidermis y dermis superficial), conservando el folículo piloso, no suele deja cicatriz. Las heridas de mayor profundidad (en dermis profunda) si las dejan.

No todas las personas cicatrizamos igual, algunos pueden tener predisposición a formar queloides, que son un exceso de producción de tejido. Si este es nuestro caso, debemos advertirlo antes de cualquier cirugía y evitar las innecesarias.

Es prácticamente imposible hacer desaparecer una cicatriz mediante tratamiento médico. La apariencia puede mejorar y esto sólo significa que se reducirá el tamaño, disminuirá la pigmentación, se aplanará o se volverá menos visible.

Los mejores resultados se obtienen con un tratamiento personalizado, combinando apósitos, infiltraciones, rellenos, peelings, técnicas quirúrgicas y láser.

En un libro sobre medicina casi mágica apilado entre muchos otros textos en mis estanterías, figuran fórmulas provenientes de hace siglos, algunas todavía se practican; como enterrar un sapo u otro animal la noche de un viernes mientras se murmura un conjuro o mezclar sangre y otros fluidos en una calavera a la luz de la luna.

No debemos perder tiempo, ni energías intentándolo.