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sábado, 19 de noviembre de 2011

Neurofibromatosis

La probabilidad de existir… Miedo, temor, no puedo respirar. Me asfixio, es algo que no había sentido antes… antes sabía que hacer, no me fallaban las piernas.

Y rabia… ¿debería odiar a alguien? No, odiar es algo diferente, nadie tiene la culpa de lo que me pasa… “cada persona nace con una sola gracia y la felicidad consiste en descubrirla a tiempo.” Eso dice mi madre.

Se me ocurre pensar que yo podría haber sido cualquier otra persona. Si mis padres no se hubiesen conocido cuando lo hicieron y si no me hubiesen concebido en aquel preciso momento, con aquel ovulo y aquel espermatozoide… yo no estaría aquí.

En el fondo el darme cuenta de esto me hace sentir feliz, y si no fuera por este momento de crisis que estoy viviendo, sería increíblemente feliz. Estoy aquí por pura y afortunada casualidad, ya que la probabilidad de mi existencia y la de cualquier ser humano, es prácticamente cero.

El sonido de la pluma al rasgar sobre el papel, acompaña al continuo goteo del tiempo… silencioso, transparente… Fuera el viento es fuerte, hace temblar los árboles y los cables de la luz. Cierro los ojos. Con los codos apoyados sobre la mesa, me imagino la hilera de casas silenciosas que recorren la calle… es muy tarde. En el espejo que hay sobre la cómoda veo el reflejo de la mujer que era antes, la que solo vivía para sus caprichos.

Desde mi más tierna infancia he tenido manchas de color marrón muy claro, tenues, son ovaladas, “manchas café con leche”. Que nombre más gráfico. En la pubertad comenzaron a aparecer los bultitos por el cuerpo, como pequeñas bolitas de piel, blandas. Pero al quedarme embarazada cada vez aparecían más, algunas seguían creciendo, otras se quedaban diminutas.

Me sorprendo hablándole a la figura del espejo… “lo que te está pasando, se parece mucho a la fábula del perro, que soltó el hueso al verse reflejado en el agua. En ese caso no había ningún culpable… ni lo hay en tu vida.”

Yo crecía y cada año que pasaba las dudas se hacían más y más profundas ¿por qué nadie me habló con claridad? ¿acaso a mi madre no le había pasado igual?

Esta es mi historia, tengo una Neurofibromatosis tipo I. Es una enfermedad hereditaria y no se si mi hija la tendrá.

En ocasiones no es hereditaria, es una mutación espontánea, mis padres no la tienen. La padecen 1 de cada 3000 personas.

En esta enfermedad, aparecen lesiones en la piel y tumores en el Sistema Nervioso Periférico o Central.

A lo largo de la historia se han descrito personas con este trastorno que han sufrido deformidades, físicamente puede ser impresionante. En la piel aparecen las manchas “café con leche”. Estas manchas son muy frecuentes en niños normales, pero cuando hay más de seis, debemos sospechar la posibilidad de una Neurofibromatosis.

Después aparecen manchas pequeñas en ingles y axilas o efélides. Pequeños “bultos” o tumores benignos en la piel que se conocen como neurofibromas. Los neurofibromas suelen aparecer entre los 4-5 años de edad y otras veces en la pubertad, en ocasiones se aceleran en el embarazo. Son del color de la piel normal y de diferentes tamaños, algunos muy grandes.

Los ojos se afectan con pequeños nódulos en el iris, se ven desde los 6 años y resultan útiles para el diagnóstico, aunque raramente producen síntomas.

Cada paciente se puede ver afectado de forma muy diferente, desde tener sólo manchas localizadas, hasta el desarrollo de grandes neurofibromas, algunos deformantes y otros (los llamados plexiformes) con riesgo de malignización. O tumores en los nervios. También pueden tener dificultades de aprendizaje, alteraciones del esqueleto o cardiovasculares…

Me estoy extirpando algunos de los neurofibromas, los más molestos y antiestéticos y sobre todo los del pezón… quiero poder darle el pecho…


(NOTA: este es un relato en primera persona, no es la historia de ninguna persona concreta, pero si es la realidad que viven muchos pacientes que padecen esta enfermedad)

sábado, 19 de febrero de 2011

DURMIENDO CON EL ENEMIGO (ACNE)



El office es amplio, una gran mesa de madera de teca ocupa el centro de la estancia, en las esquinas unas plantas de hojas anchas perennes, las únicas que sobreviven a sus escasos o nulos cuidados. Al fondo una ventana, desde la que se puede ver el jardín y la piscina.

Esta sentada en una silla negra, tipo director, con la cara hundida en un libro, el pelo mojado pegado a la cara. Lleva puesto un biquini azul y se cubre sólo con un pareo de flores que compró hace unos días para animarse.

Hace como que lee pero su mente esta en otro lugar, piensa en su infancia, trata de recordar como se imaginaba ella que seria su futuro. Siempre fue una soñadora, romántica, de las que esperan al príncipe azul que vendrá a rescatarla de la torre  y no es que fuese una niña desgraciada, todo lo contrario fue feliz, aunque como todos los niños, miraba hacia el futuro con una gran curiosidad por saber como seria su vida.

Si esa niña pudiera verla ahora, ¿se sentiría defraudada? ¿Llorarían juntas? O la consolaría y le daría un fuerte abrazo.

Cristina esta cerca de los 30, como a ella le gusta decir, siempre esperando que alguien le diga que aparenta solo 20, por supuesto. Desde hace unos meses esta empezando a obsesionarse por su figura y por su aspecto.

-“Hoy no tengo ganas de nada, no puedo leer, no me concentro. Tengo la cara llena de puntos negros y un grano asqueroso en medio de la barbilla. Me siento hinchada. No pienso salir de casa”.

Son las 6 de la tarde de un día de finales de Julio, el bochorno es insoportable, abrir la ventana es como meter la cabeza en el horno, solo se esta bien en la piscina o dentro de casa con el aire acondicionado, se ha preparado un cacao frío y le da mordiscos a una magdalena mientras espera a su madre.

–“Vaya cara que tienes hoy”, la escucha decir detrás de ella. “Mira que granos. Has salido a la familia de tu padre, ¿por qué no habrás sacado mi piel?”.

Todas las conversaciones con su madre son como reabrir un agujero en el hielo destrozando la nueva capa que se ha formado durante la noche. El rechazo vuelve a surgir, los ojos cansados de tanto llorar.

-“¿Nunca tienes suficiente?”.
-“No sé que quieres decir, lo digo por tu bien. No te cuidas nada, sólo comes porquerías”.

El acné es una inflamación crónica de la unidad pilosebácea de la cara y la parte superior del tronco, es decir puede aparecer en todas las zonas donde hay glándulas de la grasa junto a un pelo velloso. Lo que vulgarmente conocemos como espinillas o puntos negros, son el primer paso. Cuando estas se rompen, ya sea por estimulo hormonal o por manipulación, aparecen los granos de pus.

Es la enfermedad más frecuente de las que afectan a la piel. Y aunque es típica de la pubertad, últimamente se esta viendo una aumento de casos a edades avanzadas, sobre todo en mujeres. Es frecuente encontrar pacientes con acne hasta los 40 años. Unas veces es el acné de la adolescencia que se prolonga y otras veces es de comienzo tardío.

Aunque nos parezca una tontería debe considerarse importante, ya que repercute en la economía y el bienestar de los pacientes. Hasta un 12% de los adolescentes, han dejado de salir de casa alguna vez por este problema y existe un estudio que refiere que el 5% de jóvenes con acné grave ha pensado alguna vez en el suicidio.

En las mujeres adultas modifica sus relaciones sociales, sexuales y laborales, ya que además no se considera una edad apropiada para tener acné. A estas edades aparece por factores hormonales que dan lugar al llamado “síndrome de androgenización”. Este síndrome se caracteriza por exceso de grasa, aumento de vello y/o caída de pelo. En ocasiones también aumento de peso y alteraciones menstruales, así como resistencia insulínica y diabetes.

Aun no se ha demostrado que existan alimentos que hagan que aparezca o persista el acné, sobre todo a ciertas edades. Es cierto que una de sus causas es un aumento en la producción de sebo, pero esto no esta relacionado con el consumo de alimentos que contienen grasas. Si se ha visto que aquellos individuos que tienen sobrepeso y síndrome metabólico, al bajar de peso mediante dieta hipocalórica, pueden mejorar su acné.

Estudios recientes, se han centrado en la influencia de la dieta sobre los mecanismos patogénicos del acné y se ha visto que influye en:
-La proliferación de corneocitos y formación del tapón de queratina.
-La producción de sebo a través del hiperinsulinismo.
-La modulación del sistema inmune y la posterior respuesta inflamatoria frente a P. Acnes.

También hay cierta evidencia de que en las sociedades no industrializadas las incidencia de acné es menor que en las que si lo son y lo atribuyen a la dieta, y al consumo relativo, entre otros, de ácidos grasos omega 3 y 6.

En definitiva genética, dieta, estilo de vida y el estrés se influyen mutuamente para desencadenar los brotes de acné. Aún queda mucho por investigar en la relación dieta-acné. Faltan estudios multicéntricos complejos que ayuden a aclararlo.