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sábado, 13 de julio de 2013

LA MEDICINA MODERNA


El final de la consulta…
-       - Entonces… ¿qué es lo que dice que tiene mi marido?
-       - Un Liquen Plano
-       - ¿Es contagioso?
-       - No, es…
-       - Espere, espere… que voy a ver lo que dicen en Internet…

Si existe una constante en la practica de la medicina esa es, paradójicamente, “el cambio”.

Todo lo que rodea a la salud está en una continua evolución que afecta a todos los campos, desde la recogida y almacenamiento de la historia clínica hasta los tratamientos que aplicamos o la forma en que llegamos a realizar un diagnóstico.

La medicina que hacemos hoy en día sería irreconocible para nuestros colegas de principios del siglo pasado.

Ahora, usamos teléfonos inteligentes con dermatoscopios adaptados para ayudarnos en el diagnóstico o para realizar tele-dermatologia y nuestras consultas son “consultas sin papeles”. Sí, “sin papeles”. Las consultas están siendo diseñadas para que exista un flujo continuo de información sin necesidad de usar la tinta y el papel.

Todo en aras de la eficiencia.

Las consultas en general y las de dermatología en particular, están integrando soluciones inteligentes con la intención de facilitar la practica de la especialidad en estos tiempos de cambio. Organizar la consulta y atender al paciente esta cada día más digitalizado.

Ahora podemos atender la llamada de un paciente sin tener que esperar a que traigan su historia de un enorme archivo que está varios pisos más abajo. Simplemente mirando su historia electrónica, accedes a todos los datos, análisis, radiografías… mientras vemos la foto de las lesiones, que nos han enviado por correo electrónico o incluso por WhatsApp.

Existen aplicaciones con las que los pacientes pueden concertar directamente su cita. Algunas hasta tienen un GPS que detecta la proximidad del paciente a la consulta y te avisa que esta llegando.

Pero además, usar la tecnología para conectarse con el paciente, ayuda al paciente, lo capacita o como decimos ahora “empodera” y lo hace más proactivo en el cuidado de su enfermedad.

Antes hacíamos un diagnóstico, dábamos unas explicaciones, escribíamos una receta, despedíamos al paciente hasta una próxima visita y este se iba sin tener ninguna posibilidad de conocer algo más sobre lo que le pasaba. Sólo disponían de lo que pudieran haber entendido de esa breve conversación.

Ahora se puede dar el caso de estar hablando con él o ella y mientras, un familiar que esta presente, se dedica a buscar lo que decimos en la red y acto seguido, te plantea sus dudas sobre posibles efectos secundarios de lo que has recetado y que acaba de leer.

La dermatología al ser una especialidad en la que los problemas están “a la vista” es la rama en la que más aplicaciones se han puesto a la venta, algunas para uso del dermatólogo y otras destinadas a que los pacientes se auto-diagnostiquen o incluso usen la luz del teléfono para tratar por ejemplo, su acné. Dado que existe aún un vacío legal y normativo sobre el tema, no es recomendable usar ninguna de ellas sin consultar antes con su medico, sobre todo cuando se trata de lesiones sospechosas de malignidad.

Y no es que esté en contra de estos avances, no. Estoy convencida de que toda persona debería poder gestionar su propia salud y para ello se necesita educación y herramientas.

Este es sólo el comienzo. Hay que seguir intentándolo.

Ya que más de la mitad de nuestro trabajo consiste en diagnosticar, si conseguimos desarrollar aparatos capaces de hacer el diagnóstico con la suficiente sensibilidad y especificidad, nuestro papel en la practica de la medicina cambiará radicalmente.

Y algún día, diagnosticar no será ya nuestra principal función…

domingo, 5 de junio de 2011

DERMATOSCOPIA. Hacia el infinito y más allá


“El hombre solo ve lo que conoce.” Goethe

La primera vez que vio un Dermatoscopio, fue en un póster del congreso anual de la Academia Americana de Dermatología, a finales de los ochenta. Su joven mente de adjunto quedó fascinada. Se detuvo a leerlo e inmediatamente después se dirigió hacia el stand y compró uno de aquellos aparatos.

Su simpleza le atrajo desde el primer momento, se trataba de un microscopio monocular con una amplificación de 10X que incluía una lente acromática y convergente.

Lo envolvió como un tesoro y lo guardó en su equipaje, al llegar a su servicio se dirigió a la residente de último año, una chica despierta y con gran capacidad de trabajo. “Mira lo que he traído. ¿A ver que podemos hacer con el?”

Así comenzaron años de estudio de lesiones pigmentadas, de numerosas publicaciones donde fueron desarrollando la técnica, estableciendo criterios diagnósticos… Muchas veces tuvo que oír frases desalentadoras. “Si tienes que usar eso es que no estas seguro del diagnóstico y entonces es mejor extirparlo.” Pero su vida siempre se había caracterizado por el triunfo de la constancia y el esfuerzo sobre la escasez; de cualquier pequeño detalle, extraía algo útil.

Estudiaron miles de lesiones pigmentadas, describieron toda una gama de características como la formación de colores, la regularidad, el margen y la superficie. Todo esto les permitió obtener marcadores para distinguir entre diferentes tipos de lesiones pigmentadas y sobre todo las características de crecimiento benigno y maligno.

Otros dermatólogos trabajando a la par, desarrollaron el ANALISIS DE PATRONES, la REGLA DEL ABC, la REGLA DE LOS TRES PUNTOS, etc. Todos estos métodos se apoyan en un sistema cuantitativo y han demostrado su gran sensibilidad diagnóstica en manos no expertas.

A lo largo de su carrera fueron testigos de sorprendentes avances en materia de telecomunicación que hicieron posible el intercambio de imágenes e información a través de Internet y vieron asombrados como se desarrollaba la TELEDERMATOSCOPIA y la DERMATOSCOPIA DIGITAL.

La DERMATOSCOPIA DIGITAL, ofrecía una nueva dimensión, el factor tiempo, se vio su utilidad para la monitorización y seguimiento de lesiones melanocíticas, ya que los cambios de una lesión pigmentada a lo largo del tiempo, pueden ser en muchos casos el único criterio para la detección precoz de un Melanoma.

Asistieron a cambios sociales, económicos y culturales que influyeron en todos los campos incluyendo la medicina. La búsqueda de modelos de asistencia sanitaria más productivos y eficientes, el cambio en el modelo de relación medico-paciente, pasando del clásico paternalismo a otro en el cual el médico es sólo un “gestor” de conocimientos y técnicas.

Todo esto les llevó a participar en la investigación y desarrollo de equipos para el DIAGNÓSTICO COMPUTERIZADO DE LESIONES MELANOCÍTICAS. Comenzaron siendo escépticos, ya que su dilatada experiencia les decía que en ocasiones resulta imposible diferenciar al melanoma de otras lesiones melanocíticas benignas, aun utilizando dermatoscopia y que esto requería un entrenamiento adecuado. Pero como las estructuras de las lesiones melanocíticas se repiten, tal y como habían comprobado, el screening usando instrumentos para el diagnóstico automático dejaba de ser sólo un sueño para empezar a ser una realidad.

Los primeros equipos constaban de cuatro partes:

-Adquisición de imágenes: usando un videomicroscopio.
-Segmentación: un software diferencia las lesiones sospechosas del resto. Esto puede ser totalmente automático o controlado por un operador.
-Extracción de datos: el software extrae los datos referentes a forma, contorno, y estructura de la lesión.
-Clasificación: un programa genera información de salida (output), esta información es “benigno o maligno”, en forma de probabilidad.

Trabajando “hombro con hombro” con expertos informáticos y haciendo uso de los últimos avances tecnológicos vieron la posibilidad de que estos instrumentos de diagnóstico automático pudieran llegar a diagnosticar lesiones melanocíticas de la piel. “Eso ahorraría mucho tiempo de espera a los pacientes con estas lesiones y nos evitaría las consultas innecesarias, dándonos más tiempo para los que si lo necesitan”, decían él. “Y el gran ahorro de recursos y aumento de productividad”, decían los gestores.

“Pero tenemos que andar con cautela, muchos estudios que han dado lugar a estos programas, están influenciados por conceptos como la exclusión de lesiones no pigmentadas (existen los melanomas amelanóticos) o la confusión de queratosis seborreicas pigmentadas con lesiones melanocíticas.” “La dificultad para efectuar el diagnóstico de la lesión estará sujeta a que haya sido seleccionada por un especialista o no, a ojo desnudo o con dermatoscopio, etc.”

Así que para comprobar el valor práctico de estos sistemas desarrollaron experimentos para evaluarlos en un ambiente similar al que se iban a utilizar, es decir en una consulta general o por el propio paciente… y en eso están.

Este año, como tantos otros antes, irán al congreso de la Academia Americana, algunos jóvenes dermatólogos se acercarán con curiosidad a su póster y les harán preguntas, ellos se mirarán con complicidad: “¿Recuerdas cuándo empezamos en esto?”