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sábado, 7 de abril de 2012

LA INTELIGENCIA Y EL TALENTO DESDE LA CAFETERIA

Hay una cafetería en el centro de la ciudad en la que las paredes están repletas de estanterías con libros, allí el aroma del café se mezcla con el olor seco propio de los lugares donde se acumula papel, y el bullicio de las conversaciones se atenúa contra los estantes.

Me gusta sentarme junto al ventanal con un café y ver pasar a la gente, es muy parecido a observar como fluye un río. Siempre me ha relajado ver cosas en movimiento.

De allí guardo recuerdos que permanecen resplandecientes en mi memoria, como un símbolo del misterioso transcurrir del tiempo… El bebé que llora dentro de un carrito y los padres mirándolo asombrados, con una confusa mezcla de esperanza, expectativas y responsabilidades. Tal vez sobrecogidos ante lo que tienen por delante.

O aquellos muchachos que caminaban como si fueran dioses entre los hombres, se sabían investidos de una colección de dones físicos innatos y un instinto asombroso… la adolescencia es así; cuando deciden hacer algo, lo hacen con determinación y ferocidad. Lo que ellos no saben es que los genes influyen en todo, pero determinan en realidad muy poco y aunque nunca tendrán un verdadero control sobre sus propias vidas, si tienen poder para dirigirlas.

Esta semana he leído sobre la plasticidad del cerebro; que existen partes específicas de nuestro cerebro que se adaptan y reorganizan en respuesta a experiencias concretas. He leído sobre vestirse para "cambiar", sobre el uso de botox y su influencia en el estado de ánimo….

En definitiva, que nuestro cerebro tiene capacidad para convertirse, con tiempo y dedicación, en lo que le pidamos ser.

En ocasiones creo que las palabras “inteligencia” y “talento” son sólo sonidos que articulamos, algo con tantos significados posibles que al final no tienen ninguno, y que “vivir es como cocinar un bizcocho”, en el que todos los ingredientes deben estar presentes en la cantidad adecuada y mezclarse con la fuerza y aptitud adecuadas en el momento adecuado, para que salga bien…

¿Quién no ha pronunciado alguna vez las palabras: “Ten confianza en ti mismo”?, Palabras que me gustaría decir a esos padres primerizos y a esos adolescentes que quieren llegar a ser superhombres… “Confía en la inteligencia que te llevará a ser mejor cada día, pero desearlo no es suficiente, hace falta resolución, autocrítica… pasión para ir siempre un poco más allá…”

Y como leí esta semana: “Nadie esta genéticamente destinado a la grandeza y pocos están biológicamente limitados para alcanzarla…” Así, la realidad de Mozart  es menos misteriosa, se "bañaba" en música desde antes de nacer y su niñez fue muy diferente de la de otros niños. Su padre, era un músico sumamente ambicioso que se volcó en su formación...




miércoles, 5 de octubre de 2011

Isaac Asimov previendo el impacto de Internet


Me ha encantado, es una entrevista que hicieron a Isaac Asimov en 1988 donde hablaba de lo que pensaba que ocurriría con la irrupción de las redes en el ámbito de la educación.

Lo oyes hablar y dices: ¡Qué razón tiene!... “terminar la escuela se ha convertido en una especie de rito de paso a la madurez.”

Cuando le preguntan por el riesgo de deshumanización que puede traer el uso de la tecnología él afirma que será gracias a esas máquinas por las que tendremos por primera vez una mayor capacidad de relación.

   
  

domingo, 1 de mayo de 2011

REFLEXIONES EN EL DIA DE LA MADRE

Me subí las mangas de la camisa y entré en la cocina. En ese momento, no iba a hacer ningún guiso, pero llevaba preparados todos los trucos y tácticas que conozco. En la mesa del office estaba sentado mi hijo mayor, con la cara larga y gesto de enfado. Mi casa parecía un campo de batalla con todo desordenado, yo casi había perdido la voz de tanto hablar con sus hermanos para que recogiesen todo. Mi espalda era un bloque de cemento de la tensión acumulada tras largas horas de pie ante la mesa de quirófano, lo único que quería era tumbarme y descansar, pero no pensaba dejar pasar aquel momento sin enseñarle una lección.

“No te levantas de ahí aunque estés cansado, ni para ir al aseo, hasta que el trabajo esté bien hecho.” El había dedicado horas a preparar la presentación, había renunciado a juegos y salidas con los amigos. Era su proyecto de fin de curso y yo tenía que apoyarle y exigirle, no iba a dejar que se diera por vencido en el ultimo momento.

Como madre me preocupa ver a diario en la consulta niños de pocos años que hacen solo lo que les viene en gana, impulsivos y desobedientes. Adolescentes irritables y en ocasiones violentos con sus padres. Mis hijos me dicen que soy más estricta que otras madres y es cierto, en casa tenemos muchas reglas porque pienso que son importantes para saber conducirse por la vida. El más importante maestro del carácter que puede tener un niño, es el adulto que se ocupa de él.

¿Soy una mala madre cuando exijo esfuerzo a mis hijos?

Quiero que mis hijos sean activos física y mentalmente, intento que practiquen deportes quieran o no, eso sí los que a ellos les gusten realmente. Intento acercarlos al mundo de la literatura y la música. En casa no se ve la tele cuando hay colegio.

¿Por qué? Porque quiero que sean felices, pero también que tengan oportunidades. No me importa si son médicos o profesores o abogados o cualquier otra profesión que ellos elijan, lo que quiero es que esas elecciones sean suyas, no de otra persona. No quiero que tengan que oír “No, usted no puede hacer esto porque no reúne los requisitos o porque no tiene suficiente preparación.”

También quiero que aprendan que forman parte de algo más grande, que es importante tratar con respeto a los que los rodean. Ser amable, respetuoso y empático, no es una opción, es necesario. Nuestro mundo necesita personas que se impliquen en el servicio a los demás, ya sean hermanos, padres, amigos o compañeros.

¿Significa esto que los quiero menos?

El amor incondicional es algo que se le da libremente al niño, sin esperar nada a cambio, solo por ser un ser humano precioso. “Te quiero sin exigirte nada a cambio, sea cual sea tu comportamiento, nunca dejaré de quererte. Sí te exijo que actúes rectamente, con educación y bondad, de lo contrario me sentiré enfadada, triste, pero nunca dejaré de quererte. Eres mi hijo”.